Cómo llegué a ser hipocondriaca

La Real Academia define la «hipocondría» como la afección caracterizada por una gran sensibilidad del sistema nervioso con tristeza habitual y preocupación constante y angustiosa por la salud. Hasta los 16 años aproximadamente no prestaba especial atención a mi salud, como cualquier adolescente de esa edad, pensaba más en otras cosas propias de la adolescencia, pero un día en una famosa ola de calor que hubo en mi ciudad se llevó a mi abuelito y a los 6 meses sin haberlo asimilado mi mamá me pide que vayamos a la habitación a hablar, y al cerrar la puerta dijo «abuela tiene cáncer», en ese momento se vino el mundo encima. Mi abuela era como una madre para mí.  Y empezamos un proceso de lucha que duró 2 años en total, mi abuela venció la enfermedad, nos dijeron que «solo» había un 25% de probabilidades de que reapareciera la entrada y nos agarramos a ese 75%, pero a los 6 meses en la revisión  nos dieron la peor noticia, había vuelto.

Muchas veces las personas no mueren de cáncer en sí, en el caso de mi abuela murió de una neumonía y el 04 de Julio de 2019 se fue de mi mano, no la solté hasta el último momento. Mi nombre fue de sus últimas palabras, si había un amor incondicional ese era el nuestro. En tres años perdí a las dos personas que más idolatraba, mi madre trabajaba todo el día, y mis abuelos me criaron prácticamente, me daban todo lo que podían y más, me costó mucho entender porqué se fueron al cielo, antes de tiempo y con mucho tiempo de vida por delante.

Hay muchos momentos que no olvidaré, pero entre ellos, este, decidimos no decirle nada a mi hermano hasta que pasará la tempestad, pero los niños son demasiado inteligentes y con 9 años me dijo, dime la verdad, que le pasó a abuela ¿se murió verdad? Me destrozó aún más el alma. Y otro, mamá decide no decirle a abuela el nombre de su enfermedad, se le explica que tiene una enfermedad de la sangre y hay que llevar unos tratamientos siempre sin nombrar la palabra tabú, cuando abuela fallece, mamá llevó sus medicamentos al punto Sigre de la farmacia y la farmacéutica le dice a mamá, que abuela antes de morir le había dicho que estaba malita de cáncer pero qué no nos lo quería decir para que no nos preocupásemos. Este amor era bidireccional ella no quería preocuparnos, ni nosotros a ella. Ojalá los abuelos fueran eternos. Solo disfrute de ellos, 16 y 19 años y la vida pasa tan rápido. Les diría tantas cosas…

En ese momento no me di cuenta pero con el paso de los años me he dado cuenta que estos dos episodios me hicieron hipocondriaca, hacen que cada vez que mi mente cree que a mi cuerpo le pasa algo malo, se me descompone el estómago, lloro, tengo miedo, me da mucha ansiedad, no duermo, necesito ayuda médica para poder dormir y hasta que no voy al médico y me tranquiliza no vuelvo a la normalidad. Soy una persona muy racional, como ya he dicho en otras ocasiones y esto si es una verdadera pelea. Yo con la amígdala entro en cólera me entra el miedo, busco en Internet lo que puede ser, ya saben como es Internet, si te duele la cabeza, tienes un tumor cerebral, entonces comparo mil páginas, busco foros, experiencias, cada experiencia es peor que la anterior. Pero sale mi parte racional a intentar poner calma al asunto y a veces lo consigo y a veces no.

Lo peor de todo es que lo llevo en silencio, nadie sabe por lo que mi cabeza pasa. He ido aprendiendo a contar mis preocupaciones y a intentar normalizarlo. Estoy segura de que si alguien de mi familia o amigos leyera esto diría que es imposible, con lo feliz qué estas siempre dirían, o, nunca te he visto triste o algo. Soy la persona más risueña de la tierra pero la procesión va por dentro. Me ha costado muchos años saber que me estaba pasando  pero aunque sé lo que pasa, sé cuando me pasa y porqué me pasa, no lo puedo controlar, es irracional, por suerte son más largos los periodos en calma, que los periodos de hipocondría, tengo buena salud, es decir, no porqué me duela la garganta o la cabeza me vienen estos pensamientos, sino cuando me pasan cosas como la inflamación de un ganglio, dolores persistentes, bultos y cosas así, a eso me refiero que no son cosas que pasen todos los días.

Admiro a las personas que están tranquilas, no se preocupan y dicen «ya iré al médico», yo si tengo cita dentro de 2 semanas  dos semanas estoy muy mal…He querido compartirlo con vosotros porque lo veo como una forma de abrirme, y creo que contándolo reconozco públicamente que tengo un problema y voy a buscar ayuda. Nunca he pensado que sea malo ir al psicólogo todo lo contrario, siempre lo aconsejo y ahora me toca a mí.

Con este título he aprendido a gestionar las emociones y me ha ayudado muchísimo en mi lucha, si algo tengo claro es que en un mes cumplo 31 años y no quiero pasar ni un día más de mi vida con preocupaciones innecesarias. Últimamente mi lema es no me preocupo, me ocupo. Por otro lado he aprendido a decir NO sin sentirme culpable, no veas lo que libera, quita esa mochila que a veces nos ponemos. He puesto en práctica ser empática. He aprendido a conocerme, a saber diferenciar porqué reacciono de una manera o de otra, que pasa dentro de nuestro maravilloso cerebro, es fascinante. He descubierto que lo que me pasa es que tengo miedo, miedo a la muerte, a no ver más a mis seres queridos, a desaparecer, para consolarme siempre me repito que ese día no me voy a enterar, y por eso tengo tanto miedo a las enfermedades porque sería la crónica de una muerte anunciada, pero hay que vivir sin miedos. Así que hay que empezar a ocuparse de este miedo para vivir y afrontar la vida como venga, no tengo que decir que las pruebas que nos pone la vida a veces superan la ficción y nunca sabes si te va a tocar a ti.

Ha sido un placer para mí, poder abrirme de esta manera, y si con mi testimonio puedo ayudar a que otra persona se de cuenta de cuál es su miedo y que pueda buscar ayuda y buscarle solución o paliarlo de alguna manera me quedo satisfecha.

Gracias a todos por este maravilloso viaje, ha sido un auténtico placer compartirlo con ustedes, me hubiese encantado que me conociesen en persona, participar en clases, pero me ha sido imposible. Me he reído muchísimo con las dinámicas, me quedo con ganas de más.

Y porsupuesto gracias Mario! Trabajando en formación no podría ser de otra manera, agradecerte las ganas que le pones a enseñarnos, a transmitirnos lo que sabes, lo que hace a un docente ser bueno no solo es lo que sabe sino como lo transmite y como llega a los alumnos y sin duda me consta que nos has llegado a todos.

Feliz vida a todos!!!!

Idairia Pagés 04/2021