Por: Roberto Plaza (España)
Vivimos en un mundo que resulta alienante para la mayor parte de las personas del primer mundo a pesar de los avances en tecnología, en comunicación y todo lo que está puesto ahí para que lo cojamos y nos haga “más felices”.
La realidad es que todo lo que nos ofrecen está al servicio de los medios de comunicación, la política, los negocios, etcétera, y nos hace desconectar de nosotros mismos, de nuestra esencia, de lo que realmente nos hace felices. La mayoría de nosotros somos capaces de darnos cuenta que estamos lejos de sentirnos bien con nosotros mismos, pero en la mayoría de las ocasiones no contamos con las herramientas necesarias para el cambio o simplemente no sabemos por dónde empezar.
La neurociencia cognitiva me ayuda a entender mejor cómo funciona el cerebro. Es como si fuera la parte mecánica que luego se transforma en mis comportamientos, en mi psicología, y esto me ayuda a corregir comportamientos, a ser más empático, a entenderme a mí mismo y a los demás. Yo lo comparo con un coche. El motor siempre hace el mismo movimiento: la explosión de la chispa que desencadena el movimiento de las bielas del cigüeñal siempre es el mismo, no cambia. Y luego está la parte en la cual el vehículo se mueve a izquierda, derecha, frena, acelera, toma una curva. Eso es nuestro comportamiento, lo que los demás ven y lo que los demás pueden valorar.
Recientemente he podido iniciar un curso de neurociencia. Me está ayudando a conectar mejor conmigo mismo. He dejado de crearme expectativas, o como dice Mario, «errores de predicción», y he aprendido la importancia del efecto Pigmalión, el efecto placebo cuando te relacionas con los demás. Estoy trabajando en mejorar mi atención, en no desviar mi foco, aunque cuesta con todas las distracciones que tenemos alrededor.
Además, no se me olvida que el esfuerzo y la preparación nos refuerzan, nos da los cimientos para construir lo que queramos en el trabajo o en nuestras relaciones personales. Pero lo que más me ha aportado es la dicotomía del control cognitivo. He sido capaz de transformar mi comportamiento, de comprender que hay cosas que no están bajo mi control y de preguntar «¿por qué?» para reforzar o para alejar todas esas cosas. Me sirve para tomar decisiones en mi trabajo, me sirve para alejar o reforzar lazos en mi vida personal y me hace estar seguro de que antes de tomar una decisión he podido pensar en ello, hacerme la pregunta adecuada y tener una respuesta de la cual no me voy a arrepentir.
La neurociencia cognitiva realmente me está transformando, me está haciendo sentir a gusto con las decisiones que tomo y eso hace que no me castigue, que sea más amable conmigo. Además, he introducido algunas técnicas en mi trabajo para aumentar nuestra creatividad y me están funcionando muy bien. Cuando quiero sacar lo mejor de alguien de mi equipo, salimos a la calle a tener la reunión, a darnos un paseo, a respirar, a que el sol caliente nuestra piel. Salimos fuera del entorno hostil que es la oficina y nos ayuda, refuerza nuestros vínculos y nos hace crear.
Esta es mi transformación hacia una conciencia total en cada cosa que hago, con respeto, responsabilidad y creatividad, y poniendo atención y foco en lo que pasa a mi alrededor, sin distracciones, sin prejuicios, sin reproches.

