El dolor, ¿amigo o enemigo? 

Artistic black and white portrait of a tattooed man posing with hand on face.

Rodrigo Flores Morral. Chile

Todos alguna vez en la vida hemos sentido dolor; es una experiencia desagradable o poco placentera que detecta y activa tu cerebro en función de distintas variables. Algunas veces muy fuerte y otras no tanto, incluso cuando tuvimos alguna lesión… o no, Y aquí lo interesante del funcionamiento de este sistema que busca protegernos. 

El dolor existe para advertirte de que algo anda mal, y como dije anteriormente, no necesariamente debe existir algún tejido roto o inflamado, sino que también puede ser producto de otras variables sociales, psicológicas, laborales, estudiantiles, familiares, etc., y etc. 

Sabemos que el cerebro funciona como un radar de posibles amenazas, intentando predecir algún peligro, recibiendo muchísima información desde todos sus receptores sensoriales (mecanorreceptores, termorreceptores, quimiorreceptores, fotorreceptores y nociceptores); la interpreta y elabora una respuesta (física o no), decidiendo si existe alguna amenaza. 
Aquella información recibida y procesada puede transformarse en una señal de peligro y aumentar las posibilidades de sobrepasar nuestro umbral, activar nuestra amígdala en el cerebro y provocar dolor físico. 

Entonces, ¿qué sucede con esa persona que siente dolor a pesar de no tener una lesión? ¿Cuál es la visión que debemos tener los profesionales de la salud (y todos aquellos que quieren buscar una solución a sus molestias) para tomar decisiones al momento de aplicar alguna técnica que entregue resultados?

En neurociencias del comportamiento hay suficiente información sobre el funcionamiento de la mente.
Por ejemplo:
Todos vivimos con expectativas: laborales, de pareja, de salud, expectativas para todo; a corto y largo plazo, que se van cumpliendo y otras no. ¿Dónde está el problema? Cuando algo no cumple nuestras expectativas, produce un “error de predicción” (diferencia entre lo que esperamos y lo que es realmente) que puede desencadenar algunos efectos nocivos para nuestro cerebro que podrían ayudar a producir dolor; ¿cómo lo evitamos? Entrenando a nuestro cerebro en poner expectativas más realistas a nuestros propósitos, sabiendo que eso conlleva otro “problema de comportamiento humano” al momento de tomar decisiones (que pueden ser racionales o emocionales) que nos podrían llevar a un gran cambio (justo lo que no le gusta a nuestro cerebro). 
¿Recuerdas lo complicado que fue aquella vez que tuviste que cambiar de carrera de estudios? ¿Lo difícil cuando decidiste terminar una relación con tu novia de muchos años?
Todos estos ejemplos y muchos más significan un verdadero “salto al vacío”, en donde no vemos con claridad lo que hay más allá de este nuevo escenario. La incertidumbre nos rodea y aquello no le gusta a tu cerebro y, como quiere preservarte, trata de evitarlo a toda costa, ahorrándose grandes cantidades de energía. Entendiendo esto, deberíamos saber detectar esa toxicidad que no aporta y buscar modificarla tomando las decisiones más racionales posibles, o emocionales en caso de que sea necesario, sin tener que arrepentirnos (todas las decisiones las justificamos: si lo hacemos desde lo racional, no existe el arrepentimiento; pero si se justifica desde lo emocional, puede existir arrepentimiento); de lo contrario, sumamos gatillantes de estrés que pueden ser causa de dolor. 
Otro detonante puede ser lo que nuestro cerebro carga como responsabilidad. Debemos siempre detenernos y preguntarnos si “esto que estoy cargando” está bajo mi control o no: el estado de salud de un familiar, los problemas financieros de alguien más, el que yo quiera que me contraten en esa empresa que tanto quiero, etc. Todas esas problemáticas requieren un cierto control que no me sirve llevar como peso si no están bajo mi total control. Debemos dejar de cargar la responsabilidad de otros. 

Analizando estas opciones que nos entrega la neurociencia del comportamiento, podemos mirar más allá dentro del cerebro de las personas y sacar deducciones sobre cómo podemos ayudar al bienestar emocional y, por ende, físico. 
Entonces:
– Importante es entrenar en mejorar nuestro umbral OK (es el equilibrio tácito entre el deseo por mejorar y el esfuerzo que se requiere). 
– Hay que trabajar las expectativas para que sean lo más realistas posibles. 
– Buscar tomar decisiones más acertadas.
– Detectar la carga que llevo y disminuir lo que no corresponde llevar.


Hay que educar sobre el dolor. Es inteligente tener un sistema que te protege y que cuida de ti. Debemos entrenar nuestro nivel de concentración aplicando la atención sostenida para detectar emociones y trabajarlas constantemente y tener paciencia, ya que los resultados son a mediano y largo plazo. 

Referencias

  • Explicando el Dolor __David S. Butler e G. Lorimer Moseley
  • Systematic Literature Review of Imaging Features of Spinal Degeneration in Asymptomatic Populations W. Brinjikji, P.H. Luetmer, B. Comstock, B.W. Bresnahan, L.E. Chen, R.A. Deyo, S. Halabi, J.A. Turner, A.L. Avins, K. James, J.T. Wald, D.F. Kallmes, and J.G. Jarvik
  • Curso Neurociencias del comportamiento Campus Alto Rendimiento Cerebral TTalent; septiembre 2025 Mario Del Valle Herrera. 

2 comentarios en “El dolor, ¿amigo o enemigo? ”

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